Las Hermanas Fontana




Zoe (1911-1979), Micol (1913) y Giovanna (1915) Fontana, nacieron en Traversetolo, cerca de Parma, Italia. Aprendieron a coser gracias a su madre, Amabile Fontana, que abrió su propia tienda de sastrería en 1907. Las tres hermanas se convirtieron en aprendices tan pronto como fueron capaces de manejar la aguja. El trabajo fue duro y no remunerado, las hermanas trabajaban sábados y domingos, pero a pesar de las largas horas, los recuerdos de la infancia de las hermanas eran felices.

Las hermanas Fontana exportaron la moda italiana al resto del mundo, especialmente a Estados Unidos, donde diseñaron ropa para algunas de las estrellas más famosas de Hollywood.



Sobre 1930 Zoe, el mayor de las tres hermanas, dejó Traversetolo para convertirse en una aprendiz en Milán. Micol, se unió a ella poco después, mientras Giovanna permanecía en el campo. Unos años más tarde, Zoe contrajo matrimonio y se mudó a París, donde continuó su aprendizaje en la alta costura. Después de regresar a Italia en 1936, excitada por sus experiencias en París, se trasladó a Roma. Después de que sus hermanas se unieran a ella en Roma, Zoe comenzó a trabajar para Zecca y Micol para Battilocchi, mientras que Giovanna cosía prendas de vestir en casa. Sobre la base de sus experiencias en Milán y París, las hermanas se sintieron listas para entrar en el negocio por sí mismas, aunque resultaba un mercado arriesgado ya que la moda francesa dominaba el mundo de la alta costura. Las hermanas abrieron su propio taller en Roma en 1943, bajo el nombre "Sorelle Fontana", así fue como los principales miembros de la aristocracia italiana pronto comenzarían a patrocinarlas.


Sin embargo, su clientela romana no fue lo suficientemente sólida como para ratificar su reputación, si Hollywood no las hubiera descubierto, Italia y La dolce vita romana en los años cincuenta no hubieran tenido el mismo sentido. Uno de los eventos que ayudaron a levantar su fama fue el matrimonio de los actores de Hollywood Tyrone Power y Linda Christian, cuyo vestido de novia diseñaron y confeccionaron. La ceremonia tuvo lugar en Roma en 1949 y el vestido fue confeccionado en raso blanco, con cola de más de cinco metros cubierta por bordados. Las fotografías de la ceremonia y el radiante vestido de Linda Christian, aparecieron en periódicos de todo el mundo. Una revista publicada para turistas en la década de los 50 citaba: "¿Roma? Veinte minutos en San Pedro, veinte en el Coliseo y al menos dos días en el estudio de las hermanas Fontana ".




En 1951 las hermanas Fontana participaron en el primer desfile de moda celebrado en Florencia, organizado por Giovanni Battista Giorgini, promotor de la moda italiana y organizador de desfiles en Sala Bianca, Palazzo Pitti. Ese mismo año Micol Fontana partió para Hollywood, llegando a Estados Unidos como el invitada y amiga de Tyrone Power y Linda Christian. Power, organizó un espectáculo para ella porque quería dar a conocer a los miembros más influyentes de Hollywood los diseños de las hermanas Fontana. A partir de ese momento, comenzaron a diseñar para muchas de las estrellas más conocidas de Hollywood, como Ava Gardner o Elizabeth Taylor, desarrollando un variado recorrido internacional, entre sus clientas más conocidas: Mary Margaret (la hija del presidente Harry S. Truman), Jackie Kennedy, Soraya Esfandiary, Marella Agnelli (de la familia que maneja el Fiat), Grace Kelly o Margaret Truman María Pia di Savoia, (una de las hijas del último rey de Italia, Umberto de Savoia). 

   

En 1960, a petición de los clientes estadounidenses, introdujeron una línea de prêt-à-porter. Este lanzamiento fue seguido por una línea de pieles, paraguas, bufandas y bisutería. Su cuidada división del trabajo, hizo de las tres hermanas un trío invencible: Micol viajó alrededor del mundo: Japón, Europa y noventa y cuatro viajes a Estados Unidos, Zoe manejó las relaciones públicas y Giovanna supervisó el trabajo en el estudio.


En 1972, mientras continuaban su trabajo de alta costura y prêt-à-porter, las hermanas se retiraron de la mayoría de los desfiles oficiales. En 1992 el sello Fontana y la propia empresa fueron vendidos a un grupo financiero italiano. En 1994 Micol creó la Fundación Micol Fontana, cuya misión es promover la moda y la formación de nuevos talentos.


Los diseños de las hermanas Fontana, aunque con referencias a modelos franceses, se inspiraron en vestidos del siglo XVIII, que, a su vez, se basaban en los diseños del Renacimiento temprano. Las hermanas fueron capaces de navegar entre la alta costura parisiense y la originalidad de las modas italianas con las que las mujeres estadounidenses se habían enamorado.

Estos diseños eran conocidos por su elaborada artesanía en bordados, encajes y una sastrería impecable característica. Se especializaron en los vestidos de noche y utilizaron los materiales más preciosos, incluyendo la seda y el terciopelo. 


El cine italiano puso al taller de las hermanas Fontana bajo los focos, por la creación de vestuario de la película Le ragazze di Piazza di Spagna de Luciano Emmer (1953). Las hermanas Fontana también diseñaron los trajes de Ava Gardner en The Barefoot Contessa. Uno de sus diseños, el "vestido de sotana", realizado para Gardner en 1956, fue utilizado por el diseñador de vestuario Danilo Donati para Anita Ekberg en la película de Federico Fellini, La dolce vita. El trabajo de las hermanas Fontana ha sido presentado en varias exposiciones y algunos de sus diseños están expuestos en los museos internacionales de todo el mundo como el Metropolitano de Arte de Nueva York, el Museo Metropolitano de Arte de San Francisco, el Museo de Arte y Vestuario de Venecia o Biblioteca privada de Harry Truman.

La modista 2.0

En plena época de BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), se nos conecta rápidamente el wifi en búsqueda intensiva del modelito que nos saque del apuro. Como es de esperar no vale cualquiera; debe ser lo suficiente mono para competir en estilo con las cuñadas, lo suficiente funcional para que podamos usarlo en más de una ocasión, lo suficiente peculiar para que no coincidamos con otras invitadas (así que olvídate del imperio Amancio) y como no, lo suficiente económico como para no tener que comer sopa de ave lo que resta de mes. De modo, que la opción más socorrida es acudir una MODISTA con la foto de ese diseño ideal de la muerte que no te puedes permitir.

Para acudir a la modista, existen ciertas reglas que debes tener en cuenta, grabarlo en tu mente a fuego y no despistarte, de lo contrario esta puede volverse en tu contra y tu vestido convertirse en el disfraz de la bruja del tren de la escoba.



El decálogo de la modista, - y digo modista porque si no Caprile puede que me demande, ya en un programa de radio casi me asesina por llamarle diseñador, y no, no me apetece morir a manos de ese ser-. Jamás debes olvidar:

     · La modista, es tu amiga, deja de mirarla como a una caja registradora. Seguramente, cobra por lo que hace en su justa medida, y si no es así, abandónala.

     ·  La modista, no puede entrar en tu mente. Esto parece obvio, pero no sé por qué, todos suponemos que puede ver con claridad aquello que estamos imaginando y además, plasmarlo tal cual, pero siento decirte que NO.

     ·   La modista, no es analfabeta, de hecho, en la mayoría de los casos poseen más estudios académicos que sus clientas.

·         A la modista, se debe tratar con educación, son normas básicas que a veces no se cumplen, y recuerda, no la cabrees, ella tiene tu tela y por lo tanto, EL PODER.

·         La modista, no está disponible 24h para sus clientas. Esta señora, también tiene vida propia, horarios, hasta posiblemente familia y amigos! Su teléfono puede ser atendido cuando le dé la real gana e incluso ignorar tus whatsApp, (en la mayoría de los casos no son tituladas en secretariado internacional).

·         No debes engañar a la modista,  el rollito que justo el día de la prueba estas hinchada y que entalle el vestido hasta que salten las costuras no es aconsejable. Ella sabe que no es verdad, y a ti, no te dará tiempo a adelgazar antes del día del evento. 

·         La modista, no tiene la culpa que tu mente desvaríe cada 5 minutos y quieras cambiar el patrón de tu modelito cuando ya no se puede. No te enfades porque no llevas la razón. Tener las ideas claras desde un principio es fundamental si quieres salir bien parada, en la modista y en la vida en general (consejo gratis).

·         La modista, sabe coser. No intentes explicarle como se hacen las cosas o descubrirás su mirada laxante y podrías sentirte un pelo incomoda.

·         La tarea de la modista NO es fácil, y si a ti te lo parece, hazlo tú misma.

·      Si eres amiga de una modista, no debes olvidar que lo que hace es trabajo y por lo tanto debe cobrarte por ello igual que si fueras una desconocida, ¡no seas racana!
   
·     La modista, es modista, no psicóloga, no le cuentes tus agobios ni penas.
      
      ·         La modista, no es ni Dios ni cirujana plástica; si no tienes culo ella no puede hacer que tu tabla se convierta en un balón de NIVEA, (a menos que ponga gomaespuma al trasero del vestido, como el de Antonia de los Morancos). Si no tienes pecho, te compras un Wonderbra, pero tampoco esperes que la aguja de la modista sea la barita mágica del hada de Cenicienta.

·         La modista, NO es dietista. Si antes pesabas 50kg y ahora 87kg, ella no sabe la causa. Y posiblemente, no haya dado aun con la fórmula del vestido reductor que te devuelva a la talla que tenías hace 15 años sin dejar de comer.

·         La modista, no tiene por qué ser una señora mayor, gordita y con gafas (o sí), pero si no lo es, no te preocupes, puede hacerlo igual de bien, no la mires con recelo. De hecho, no tiene por qué ser mujer, la mayoría de firmas importantes tiene a un diseñador hombre de cabecera, y en la calle, también hay modistos con más arte en la aguja que Lola Flores en el cuerpo, y eso, es mucho.




Por último, no olvides pagar en el acto (ni intentes realizar transferencia, o entonces, sí descubrirás una buena cara de póker en ella) y dar unas sonrientes gracias.


Y por fin, llegó GIVENCHY





Y como agua de mayo, llegó la exposición de Hubert de Givenchy a Madrid, porque desde Gaultier o YSL no nos veíamos en similar despliegue de medios en la capital hace mucho.

De modo, que hoy tras la inauguración de copete, (a la que evidentemente no fui invitada, básicamente porque ni soy famosa, ni tengo 40.000 seguidores), he pagado mis 11€ de entrada, he traspasado el umbral con el nombre del último rey vivo de una época dorada en la alta costura y pionero del prêt-à-porter de lujo.

       

 Y como está vivito coleando, Hubert de Givenchy, acudió a la cita de la mano de Tita Cervera, que para eso la muestra es en su museo, y no es que fueran solitos, no, acudieron famosos, famosetes y casposos, así como blogueras, estas, para lucir palmito y susurrar la pereza que da ir de evento en evento, con objeto de provocar la envidia insana de otras pobres que leen sus RRSS,-ese episodio me recuerda a una de mis 40 exjefas: misspereza, que solo se quejaba de sus eventazos porque las que oíamos no podíamos asistir a estos-, pero esto es otro asunto, o no.



En fin, la exposición acoge casi un centenar de las mejores creaciones del modisto francés, que dialogan (por decir algo), directamente con una selección de obras pictóricas del Thyssen-Bornemisza. Y lo cierto es, que rara vez guardan relación, se han metido con calzador, supongo que había que relacionar el museo con el diseñador de una formar más que evidente, bajo mi punto de vista, desacertada.



A nivel museográfico, no han sacado los pies del tiesto. Un montaje bastante sencillo, en un tono neutro, monótono, donde existe un único recorrido, por lo que se crean aglomeraciones incómodas ante las piezas.











Nada que no pueda perdonar un paseo entre los elegantes diseños de Givenchy, desde la apertura de su maison en París hasta su retirada en 1995. Un recorrido que comienza con una de sus creaciones más originales, la blusa Bettina, seguida por encargos para sus clientas más conocidas; Carmen Martínez Bordiú, Jackie Kennedy, Wallis Simpson (el vestido abotonado para funeral de su marido), limones bordados para Carolina de Mónaco, terciopelo negro para la marquesa de Llanzol y cómo no, ahí está coronando la sala estelar la pieza más icónica de su amiga Audrey Hepburn.

 

Con Audrey caminó de la mano hacia la fama al otro del charco, la actriz hizo incluir en más de uno de sus contratos para importantes películas, una cláusula en la que se especificaba que solo la vestiría su amigo Hubert, y acaso, ¿alguien no recuerda el vestido que llevaba en “Desayuno con diamantes”? Pues debe ser que no, por el pelotón congregado con móviles en alto para admirar el vestido de satén negro de 1961, aún más de cerca, algo solo similar al pelotón que se concentra frente a la Gioconda en el Louvre.



Seguimos caminando para toparnos con los puntos álgidos de Givenchy; los trajes de novia: rosa, con tocados o flores, sin miedo a romper con lo clásico pero sin dejar atrás la elegancia. Y como no, los vestidos de noche, el negro, el Little black dress resumen, que aúna la herencia de Balenciaga con el legado que Givenchy deja a muchos, aunque trabajar el “negro” con maestría, es asunto de muy pocos.


Y es que ya lo dijo una de sus mejores amigas:
 “No es un diseñador; es un creador de personalidad”.





Solo puedo añadir, que vayas a visitarla si puedes, que contemples estas maravillas de cerca y sueñes.