HERMÈS: Esencia del cuero





 

Se abre la veda, al igual que en septiembre llegan al quiosco todos esos coleccionables que nunca acabamos de completar, las exposiciones comienzan a circular tras el verano para dar entretenimiento al body.
 






En el último post hablamos de la exposición que alberga el museo del traje sobre el 45 cumpleañosde Nancy, hoy nos toca hablar de una de las firmas que tiene como materia estrella el cuero, una de las más exquisitas dentro del mundo del gran lujo y desde hace más de 170 años, y no, no me refiero a esta OTRA, sino a Hermès.




 La exposición lleva por nombre “Esencia del cuero” de Hermès. No se estrena por primera en Madrid, antes ha pasado por otras grandes ciudades como Shanghái y posiblemente después del 13 de octubre (que es cuando finaliza), desembarcará en otra gran ciudad amante de la moda y lujo.




 Desafiando a la mala suerte y coincidiendo con el número del día del cierre de la muestra, la exposición se divide en 13 espacios dentro del palacio de cristal que alberga el centro Cibeles. 13 espacios, perfectamente llevados al término para el que han sido destinados, 13 espacios diferentes, 13 espacios de ensueño que inventan lo que no existe; los deseos más locos, las sensaciones más intensas y los desafíos más grandes.






Que el cuero es la materia reina de la marca francesa, es más que obvio, la novedad es que esta exposición nos hace apreciar/descubrir una dimensión distinta de esta materia prima que nunca envejece, al contrario, embellece al contacto con su acompañante, domando el tiempo y haciéndolo aliado, al igual que se doma a un caballo, curiosamente, el primer cliente de la marca.



Todo empezó para el caballo y por ello, ocupa una posición privilegiada en esta muestra; se recrean cuadras, campos de saltos, se pueden probar sillas espectaculares de cocodrilo verde, fustas o botas. El olor a caballo es casi perceptible y allí dentro, nada resulta lo suficientemente bello para este animal.




Con espíritu nómada, nos adentramos en una sala donde pisamos arena blanca, podemos sentirla y dejamos nuestra impronta en ese espacio, pisamos por donde tantos han pasado y pasarán de forma “nómada”. La carava de Hermès desembarca en un espacio en forma de jaima del color de la marca, naranja, un naranja lleno de luz que ciega como sol del desierto y bajo esta jaima, vestuario de aventureros modernos, picnic o baúles-cabina. Y entonces, hacemos palpable la sobriedad como evidencia.




Por supuesto, los dos modelos de bolsos más icónicos de la casa, debían tener un lugar especial, una enorme estructura retro iluminada de un bolso modelo Kelly, alberga distintos ejemplos de este mismo modelo y del modelo Birkin; dos modelos, dos leyendas, únicos y múltiples.



 

Para finalizarar la muestra, ya en la última sala, la número 13, un homenaje a España, dos bolsos Pase-Guide bordados sobre satén de seda, dentro de un teatro de cortinas de terciopelo negro, bailan flamenco enfrentados. Una pequeña ilusión imaginada solo para esta exposición madrileña.

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